Fuerzas Armadas Francesas

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Probablemente, ninguna victoria a lo largo de la Historia resultó tan amarga como la de Francia en la Primera Guerra Mundial. Durante los cuatro años de la Gran Guerra murieron 1.240.000 soldados, casi el equivalente al 10% de la población activa masculina francesa. El norte del país, la región más industrializada y rica, había quedado totalmente arrasado, y el estado francés estaba endeudado hasta niveles astronómicos con ingleses y estadounidenses. A todo ello hay que sumar la ruptura definitiva del orden político republicano, con la irrupción en masa del socialismo, el comunismo y movimientos autoritarios ultraderechistas, que se asentaron entre una población que veía a sus políticos tras la guerra más como enemigos que como dirigentes.

No es de extrañar por tanto que las Fuerzas Armadas Francesas sufrieran durante las dos décadas siguientes al final de la Gran Guerra un tremendo proceso de reducción de efectivos y de recursos. Francia consideraba que había ganado “la Guerra que acabaría con todas”, y por lo tanto el campo militar fue descuidado. El número de reclutas descendió drásticamente, tanto por la crisis demográfica que vivía Francia en esos momentos, como por la reducción del servicio militar de 3 a 1 año. También el entrenamiento disminuyó tremendamente su calidad, y el equipamiento, procedente de los excedentes de la Gran Guerra, se fue quedando anticuado.

Pero si en algo quedó atrás Francia fue en el campo de las doctrinas militares. Ya que consideraban que habían ganado la Gran Guerra gracias a sus tácticas de guerra de trincheras, el Ejército Francés se parapetó, y nunca mejor dicho, en las doctrinas de guerra estática y de posiciones, ignorando los avances tecnológicos que se estaban produciendo. Oficiales competentes y avanzados, como De Gaulle, fueron ninguneados por la vieja guardia. El ejemplo más patente y a la vez más patético de la confianza francesa en las posiciones fortificadas fue la construcción de la Línea Maginot, una inmensa línea de fortificaciones, búnqueres y trincheras que recorría toda la frontera franco-alemana. Con un coste de 700.000 millones de francos, la Línea Maginot entró en servicio en 1935 y se convirtió en la gran esperanza francesa para frenar cualquier futuro ataque alemán. El tiempo les quitaría la razón.

En cuanto a efectivos, el Ejército Francés contaba en 1939 con 582.000 hombres en Francia y otros 183.000 en las colonias, además de 6.000.000 de reservistas pobremente entrenados y para los que no había equipo suficiente. Estas cifras no muestran, sin embargo, las enormes diferencias entre las unidades francesas. Mientras que las divisiones de primera línea estaban razonablemente bien equipadas y entrenadas, y combatieron lo mejor que pudieron dadas las circunstancias, las divisiones que fueron movilizándose al empezar la Guerra fueron completamente inútiles.


Uno de los fortines de la Linea Maginot en la zona del río Mosela


El soldado de infantería francés contaba como arma principal el fusil MAS-36, relativamente bueno, y como ametralladora la FM 24/29, pensada para usarse en el ámbito colonial pero que resultó demasiado ligera para la guerra europea. Con respecto a la artillería, Francia contaba con una ventaja decisiva, con unos 11.000 cañones de muy variado calibre (Alemania tenía 7.000 en 1939). Sin embargo, la artillería francesa tenía problemas para ser transportada de un lugar a otro, ya que tenían que usar caballos, y buena parte de los cañones se quedaron fijos defendiendo las posiciones fortificadas. En cuanto a la artillería antiaérea y anticarro, su escasez resultó ser peligrosamente problemática y fue una de las causas del colapso francés en 1940.

Especial mención hay que hacer a la moral francesa. La política francesa de los años 30 estaba emponzoñada y polarizada. Al comenzar la Guerra en 1939, el Primer Ministro Francés era Edouard Daladier, socialista, y que fue incapaz de unir a la nación en la lucha contra Alemania. Los partidismos prevalecieron frente al interés nacional, sin olvidar las acciones de sabotaje y propaganda derrotista que comunistas y ultraderechistas realizaron los meses anteriores al envite nazi. Con los recuerdos de la Gran Guerra todavía frescos en la memoria, ni soldados ni civiles estaban dispuestos a pasar por otro infierno, y menos para un gobierno que sentían que no les representaba.

En cuanto a los carros de combate, Francia, nominalmente, poseía dos divisiones acorazadas, cuyo tamaño era, sin embargo, la mitad de una división panzer alemana. El ejército francés disponía de 800 carros modernos del Tipo-B y el SOMUA S-35, pero la mayoría de los 2.200 carros restantes eran los R-35 y H-35 ya completamente obsoletos. Pero la gran deficiencia de los tanques franceses fue como fueron usados. Sin hacer caso a los resultados de la Blitzkrieg, los tanques franceses fueron repartidos entre las divisiones de infantería, perdiendo con ello gran parte de su movilidad y potencia de fuego. Además, el 80% de los carros franceses carecía de radio, por lo que la coordinación para realizar ofensivas blindadas de envergadura era prácticamente imposible.

El Ejército del Aire Francés tenía en 1939 unos 1.200 aviones, organizados en cuatro regiones aérea en la Francia Metropolitana y otra en la colonial. En cuanto a los modelos, la mayoría estaban anticuados. Solo el interceptor Morane-Saulnier MS-406 podía considerarse moderno, y aun así, había quedado obsoleto frente al Bf-109 alemán. En cuanto a los bombarderos, Francia solo disponía de unos 175 bombarderos, la mayoría sin radio, y que no realizaron misiones ofensivas por temor a represalias alemanas sobre las ciudades francesas. En cuanto a entrenamiento y tácticas, los pilotos franceses recibían una instrucción bastante pobre, muy lejos de las que recibían sus homólogos alemanes o ingleses. Además, a excepción de alguna acción en las colonias, la aviación francesa llevaba sin entrar en combate desde 1918.


Un caza Morane Saulnier MS-406


Un ejército desmotivado y con tácticas anticuadas, una fuerza aérea obsoleta a todas luces… Al menos a Francia le quedaba el consuelo de su Armada. En 1939, Francia tenía una de las mejores marinas de guerra del mundo, tanto en números como en entrenamiento y preparación. Al comienzo de la guerra Francia contaba con 7 acorazados (de 22.000 a 26.500 toneladas), 7 cruceros pesados y 12 ligeros, 2 portaaviones, 64 destructores y torpederos y 78 submarinos. Se encontraban, además, en construcción 4 acorazados de 35.000 toneladas y 2 portaaviones. Por desgracia para los franceses, la mayor parte de esta magnífica armada acabó en el fondo de los mares. Tras la rendición francesa, los ingleses destruyeron los barcos franceses que no se sumaron a la Francia Libre. Lo que quedó de la Armada en Francia fue volada por sus propios oficiales para evitar que cayeran en manos alemanas en 1942.




El crucero de batalla Dunkerque, uno de los más modernos de la flota francesa

1 comentarios:

Rodolfo Herrera dijo...

que desastre

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